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En la introducción del curso definimos 6 tipos diferentes de triángulos en función de su geometría. En este capítulo veremos el primero de ellos: los triángulos contractivos de alternancia normal, que son, con diferencia, los más numerosos en todo tipo de Time Frames (TF), y en consecuencia, el tipo que mejor tenemos que dominar de todos.

Recordemos que un triángulo contractivo o convergente se define como una onda correctiva que consta de 5 segmentos o patas, denominadas con las primeras letras del alfabeto (A-B-C-D-E), en la cual sus patas impares (A, C y E) son cada vez más pequeñas en precio en el sentido de avance del triángulo. Por lo tanto, A será más grande que C, y C será más grande que E. Si no se cumple esto, no es un triángulo contractivo; puede ser otro tipo de triángulo u otra pauta más compleja, pero no un convergente.

Dentro de los contractivos, definimos dos subtipos: los de alternancia normal y los de alternancia inversa. En este capítulo nos centraremos en los primeros, que son bastante más numerosos que los segundos (por suerte). Por alternancia normal entendemos aquellos triángulos que presentan un comportamiento igual al esperado, en sus ondas B y D. El comportamiento esperado en un triángulo contractivo es que la onda B sea mayor en tamaño de precio que la D. De esta forma, en un contractivo de alternancia normal veremos que las ondas impares son cada vez más pequeñas entre sí, y las pares también, si bien ello no implica que en algunos casos una onda impar tenga que ser siempre menor que su onda par inmediatamente anterior. Por ejemplo, es posible que veamos una onda C que es mayor que la B, y a pesar de ello se siguen cumpliendo las condiciones. Démonos cuenta de que las hemos impuesto para las ondas impares por un lado y para las ondas pares por otro, pero no entre sí.

Características Básicas del Triángulo Contractivo

Aparte de las condiciones geométricas que se han indicado antes, y de que las 5 patas tienen que ser correctivas, las siguientes son condiciones fundamentales y básicas que tiene que cumplir cualquier triángulo contractivo para poder ser considerado como tal. Si algo de lo siguiente no se cumple, no es un triángulo contractivo, por mucho que lo parezca. Hay que comprobar primero siempre que se ajusta a estas condiciones para pensar en la opción triángulo contractivo:

  1. La onda A del triángulo debe ser siempre la onda más violenta y rápida. Sin discusión. Si vemos que lo es la C, por ejemplo, es que no es un triángulo contractivo. Probablemente estemos juntando ondas de diferentes grupos o grados. Es cierto que el concepto tiene un componente de subjetividad importante. Habrá casos muy claros y otros bastante más dudosos, pero si vemos que alguna otra onda del triángulo (especialmente las impares) es más violenta y rápida que la A, algo va mal. Entendemos por “violenta y rápida” la capacidad de recorrer la mayor cantidad de puntos posible en la menor cantidad de tiempo posible, y especialmente en el inicio de la onda (fundamental) y su parte media. El final de la onda puede ser más tendido o incluso lateral, pero el inicio debe reflejar el mayor “momentum” de la onda A sobre las demás.
  2. La onda B tiene que solapar en un rango de precios con la onda D. Si vemos una onda que sube o baja en escalera sin solapar sus “peldaños” correctores -que podríamos tomar como ondas B y D-, no es un triángulo. Si no se pidiera esto, podríamos tomar por triángulo incluso un impulso (donde las ondas 1 y 4 no deben solapar, y por tanto casi nunca solapan la 2 y la 4).
  3. Las ondas B y D deben alternar lo máximo posible entre sí, tanto en precio como en duración, en estructura interna, en momentum, en severidad (que es el retroceso que realizan sobre su onda previa; lo que retrocede B sobre A y D sobre C), etc.
  4. La onda B debe ser siempre al menos un 38,2% de la A en precio.
  5. La onda C debe durar siempre tanto o más que la onda A.
  6. Al menos 3 de las ondas del triángulo deben retroceder más de un 50% a la onda inmediatamente anterior (es decir, la C a la B, la E a la D, etc.). Por lo tanto, se permite solo un caso, dentro de los 4 retrocesos internos posibles, que no retroceda al menos un 50%.
  7. El escape de un triángulo contractivo producirá siempre un nuevo máximo o un nuevo mínimo (dependiendo del sentido del escape) por encima o por debajo del punto más extremo del triángulo.

Estas 7 condiciones ya nos eliminan muchos posibles recuentos como triángulos. Es especialmente importante la primera condición, la de la rapidez y violencia de la onda A. ¡Cuántas veces se ven dibujados triángulos que debido a los extremos de las ondas que los conforman parecen triángulos contractivos, pero con un simple vistazo a su onda A se pueden desechar a la primera! No puede ser un triángulo si la primera pata es una onda tendida y la segunda o la tercera corta el gráfico como un cuchillo.

Subtipos de Triángulos Contractivos de A.N.

Dentro de los triángulos contractivos también se puede hacer una clasificación interna en función de la relación en precio existente entre las ondas A, B, C y D. Hasta ahora no hemos mezclado entre sí las ondas impares con las pares. Pero ahora, si las relacionamos, podemos establecer 3 subtipos de contractivos cuya delimitación será importantísima en los triángulos restrictivos, ya que la longitud del escape del triángulo será mayor o menor en función del subtipo en el que nos encontremos:

  1. Triángulo horizontal: son aquellos en los que la longitud en precio de la onda B es menor que la longitud en precio de la onda A. Es el tipo más habitual, el clásico triángulo en el que cada pata es más pequeña que la anterior, de modo que el precio es totalmente convergente hacia un estrecho rango de precios.
  2. Triángulo irregular: en estos, la onda B es de mayor longitud que la onda A, pero la onda D es de menor longitud que la C. Es parecido al anterior, pero el origen del triángulo queda siempre dentro del propio triángulo.
  3. Triángulo “running” o de corrección continua: este tipo de triángulos son muy particulares en su geometría, porque la onda B es mayor en longitud que la onda A, y además la onda D también es mayor en longitud que la C. De modo que el final del triángulo (final de la onda E) suele quedar muy por encima o por debajo del origen del triángulo y del final de la onda A.
Tipos de triángulos contractivos

Tipos de triángulos contractivos de alternancia normal con escape bajista. La longitud de “b” respecto a “a” define el subtipo de triángulo. En los ejemplos, el Horizontal y el Running canalizan por A-C. El Irregular canaliza por A-E. Siempre canalizan por B-D, sin obstáculos.

Como comentamos en la introducción del curso, en función de la posición del triángulo en el recuento de grado mayor y de las limitaciones sobre cómo será su escape, dividimos los triángulos en restrictivos y no restrictivos. Los restrictivos son los que se encuentran en posición de onda B u onda 4. Los no restrictivos, todos los demás. En el caso de los triángulos restrictivos, una vez identificado cuál es el subtipo de triángulo que se ha desarrollado, tendremos unas expectativas respecto al escape que son las siguientes:

  • Si el triángulo es horizontal, el escape (onda 5 u onda C) deberá estar en un rango de entre el 75% y el 125% de la longitud en precio de la pata más larga del triángulo. Esa pata tiene que ser la A (es evidente, puesto que A es mayor que C y E, también es mayor que B por ser triángulo horizontal, y como es de alternancia normal, B es mayor que D y por tanto también lo es A). De modo que, si detectamos un triángulo de este tipo, sabemos que el escape nos dará una onda de entre un 75% y un 125% de longitud respecto a la pata A. Pero además debe cumplirse la condición básica que hemos indicado al principio, de que el escape tiene que dar un nuevo extremo al triángulo. Entonces, dentro del rango 75-125%, el escape se ajustará lo necesario para producir ese extremo. Esto también nos indica que un triángulo contractivo como onda 4 u onda B nunca puede dar fallo de 5ª o fallo de C: siempre se supera el extremo de la onda 3 o de la A.
  • Si el triángulo es irregular, el escape de un triángulo restrictivo puede ser de hasta un 161,8% de la pata más larga del triángulo, que en este caso será la B (por un razonamiento idéntico al caso anterior). El que la onda B, que viaja en la dirección del escape, sea mayor que la A, indica mayor tendencia de la cotización en ese sentido, y por tanto aporta mayor fuerza al escape. También debe hacerse un nuevo extremo en el triángulo al hacer el escape.
  • Si el triángulo es running, el escape de un triángulo restrictivo debe ser al menos de un 162% y puede ser de hasta un 262% de la pata más larga del triángulo (que será la B). Es muy normal, en el caso de triángulo en posición de onda B de grado mayor, que la onda C de grado mayor sea en este caso un 62% de longitud del rango medido entre el origen de la onda A y el final de la onda B.

Los triángulos no restrictivos no provocan en el escape una limitación en función de su geometría, así que da igual si el triángulo es horizontal, irregular o running, que el escape viajará lo que tenga que viajar en función del recuento de grado mayor.

Geometría del Triángulo Contractivo de A.N.

Los extremos de cada pata del triángulo son canalizables. Esta canalización es esencial en el caso de los triángulos contractivos, porque además de permitir su validación como en cualquier onda (validación = rotura de una 0-B a tiempo y alcance del nivel de la B a tiempo, en el caso de un ABC, por ejemplo; esto permite “validar” la estructura en ABC), permite determinar si el triángulo es restrictivo o no restrictivo, y cuándo debe acabar el triángulo.

La directriz más importante del triángulo es la que une los extremos de B y D, la línea B-D. Siempre debe poder trazarse de manera clara y sin obstáculos. Por el otro lado, la directriz se puede trazar por A-C si eso nos deja el punto E interior al triángulo; por C-E si el extremo de la onda A ha quedado más interior al triángulo que el extremo de la onda C; y en ciertos casos raros, por A-E, si el extremo de la onda C se ha quedado demasiado interior al triángulo.

La intersección de las dos directrices (la de las ondas pares, B-D, y la de las ondas impares, sea la que sea ésta) nos define un vértice del triángulo en los triángulos horizontales y en los irregulares. En los running no tiene realmente utilidad. Denominamos longitud del triángulo al tiempo (no precio) medido entre el origen de la onda A y el final de la onda E.

El vértice es importante por las siguientes razones:

  • El vértice siempre debe recaer dentro de la pata más grande del triángulo (onda A u onda B). Y dentro de esa pata, debe quedarse dentro del rango de precios del 19% al 81% de la longitud de esa pata. O dicho de otro modo, debe quedarse dentro de un rango del 61,8% centrado en la mitad de la pata más grande, que coincide con las medidas anteriores.
  • En los triángulos restrictivos (onda B u onda 4), el vértice debe recaer en un espacio temporal situado entre el 20% y el 40% de la longitud total del triángulo medido desde el final de la onda E, con tendencia a quedarse en el 38,2%.
  • En los triángulos no restrictivos, el vértice debe recaer, o bien a menos de un 20% de distancia de la longitud del triángulo, o bien a más de un 40% de distancia de la longitud del triángulo, medido en ambos casos desde el final de la onda E.
Triángulo restrictivo distancia vértice

Longitud del triángulo. Este ejemplo canaliza por C-E. Posición del vértice. La distancia al vértice en este caso nos da una geometría de triángulo restrictivo, porque está entre un 20% y un 40% de la longitud del triángulo.

De modo que la situación del vértice nos puede dar pistas respecto a qué función tiene el triángulo en el grado mayor. O al revés, si sabemos cuál es la función del triángulo en el grado mayor, podremos ir calculando en qué rango temporal tiene que acabar el triángulo si ya tenemos las directrices trazadas antes de que termine la onda E.

Validación del Triángulo Contractivo de A.N.

El comportamiento del mercado posterior a la terminación del triángulo debe cumplir con dos requisitos, de manera que su cumplimiento nos asegura que el triángulo puede estar bien delimitado en nuestro recuento. Son dos condiciones necesarias, pero no suficientes: démonos cuenta de que quizá otro recuento diferente también pueda ajustarse al patrón formado. Lo que nos dice la validación es que, en caso de no cumplirse ambas condiciones, algo falla y no es un triángulo contractivo, o no es el triángulo que habíamos pensado, o que el triángulo aún no ha acabado.

  • Condición 1: la directriz B-D debe romperse o perforarse en igual o menos tiempo de lo que duró la onda E.
  • Condición 2: el escape del triángulo debe hacer un nuevo máximo o mínimo exterior a cualquier punto del triángulo (esta condición ya la habíamos expuesto como básica).

El problema es que en algunos supuestos, la onda E puede “pisar” o “pinchar” a la directriz B-D antes de finalizar, lo que complica las cosas. Esto puede ocurrir, especialmente, cuando la onda E se hace a su vez en forma de triángulo; pero también cuando es una onda plana alargada (la subonda b de la E pisaría la B-D).

En los triángulos restrictivos, deben cumplirse además estas condiciones:

  • Condición 3: el escape del triángulo debe durar como mucho un 50% de la longitud del triángulo.
  • Condición 4: una vez terminado el escape, el precio debe volver adentro del triángulo, sobrepasando el nivel del vértice del triángulo en sentido contrario al escape.

En los triángulos no restrictivos, se suele producir un fenómeno curioso. El triángulo intenta replicar el comportamiento de triángulo restrictivo: cuando el escape alcanza una longitud de alrededor del 100% de la pata más grande del triángulo suele hacer un amago de querer volver hacia dentro del triángulo (como si fuera a cumplir la condición 4 mencionada). Puede hacer una pequeña corrección, o un lateral, pero después se vuelve a girar y continúa su camino, no volviendo a entrar nunca de nuevo en el triángulo (es decir, no vuelve a perforar la directriz B-D en sentido contrario). Si vemos que en lo que pensamos que es un triángulo no restrictivo se ha perforado la B-D con el escape, pero el precio se da la vuelta y vuelve a penetrar la directriz, solo hay 2 explicaciones posibles:

  • Nuestro recuento está mal.
  • El escape realmente es una onda X de grado mayor, en el supuesto de que el triángulo fuera una onda Y de una doble combinación, o una onda Z de una triple combinación, y esa doble o triple combinación completas se ven corregidas por esa onda X.

 

Comportamiento y relación de las subondas del triángulo

Ya hemos indicado muchas características y condiciones del triángulo contractivo. Pero ¿cómo podemos ir reconociendo que se está formando uno de ellos? Lo que sigue son relaciones y comportamientos habituales, que no siempre se cumplen, pero sí muy a menudo, y por lo tanto nos dan pistas con antelación de que un triángulo contractivo se puede estar formando.

  • La onda E puede ser muy pequeña, especialmente cuando termina bruscamente porque ha sucedido algún acontecimiento puntual importante como la emisión de un dato económico de gran calado, o una conferencia de prensa de altos mandatarios económicos. Pero no puede quedarse sin ser comparable a la onda D, para que puedan ser ondas del mismo grado. Eso significa que si no es comparable en precio (por ser inferior en tamaño a 1/3 de la D), debe ser comparable en tiempo. De modo que siempre tiene que ser, o bien al menos 1/3 del tamaño en precio de la D, o bien al menos 1/3 de la duración de la D.
  • Cada onda del triángulo debe retroceder al menos un 38,2% a la anterior, salvo en el caso de la E. Ya hemos dicho que la B tiene que retroceder al menos un 38,2% a la A, pero si se quedase ahí, entra en juego la condición básica de que al menos 3 de las ondas retrocedan a su pata precedente al menos un 50%. Por tanto, si la B solo retrocede un 38.2% a la A, la pata E deberá retroceder al menos un 50% a la D y no podrá quedarse en sólo unos pips.
  • La duración de la onda B, al contrario que en las ondas ABC (zig-zags y planas), puede ser inferior a la duración de la onda A. Sin embargo, esta duración inferior debe ir en consonancia con la diferencia en tamaño entre la B y la A. De modo que lo normal es que si B está entre el 38,2% y el 62% de A en precio, dure menos que A. Si está alrededor del 62% en precio, lo normal es que dure aproximadamente lo mismo que A. Y si B es superior al 62% de A en precio, debería durar más que A. No obstante, hay casos en que esto no se cumple, y vemos ondas B grandes que duran menos que la A, y ondas B pequeñas que duran más que la A; pero son casos menos habituales.
  • Casi nunca hay una relación fibo entre las ondas A y B de un triángulo, salvo en el caso del fibo del 38,2% de B sobre A. Si vemos que una B es un 62% o un 100% en precio de una A, hay que sospechar, sobre todo en el caso del 100%. Por otra parte, una onda B no puede ser superior en precio al 262% de la onda A.
  • La onda C ya hemos dicho que debe durar siempre más que la A, pero además suele ser la onda más compleja del triángulo, la más complicada y la que más subdivide. Esto es así porque en cualquier onda correctiva, su parte central es la más compleja siempre; por ejemplo, en una onda plana, la onda B es la más compleja y subdividida. A pesar de esto, veremos triángulos donde las ondas más complicadas son la B o la D. La que nunca puede ser la onda más compleja, sin lugar a dudas, es la A.
  • Por alguna razón que desconocemos, es extremadamente habitual (y más a mayor TF que abarquen las ondas) que la onda C de un triángulo contractivo sea un 61,8% de la A. Si no se queda en ese fibo, son más fiables las ondas C que superan ese nivel a las que no llegan; es decir, que es más probable que se esté formando un triángulo si vemos que la onda C se queda en ese 61,8% de la onda A o se supera, que si vemos que no se llega a ese 61,8%.
  • La onda E del triángulo suele dar una relación fibo con la onda C, pero es mucho menos habitual que en el caso anterior. Deberemos buscarla en el rango del 38,2% al 99% de la C.
  • Las ondas B y D suelen guardar relaciones fibo en precio o en tiempo. Como hemos dicho, las condiciones básicas exigen la máxima alternancia posible entre ambas. Una de las reglas secundarias se refiere a la relación de tiempos entre A y B, por una parte, y entre C y D por otra. Es lícito que B dure menos que A, y también es lícito que D dure menos que C; pero no es lícito que ambas cosas sucedan a la vez. Es decir, si una de las dos (B o D) es más rápida que su respectiva onda previa (A o C), la otra no podrá ser más rápida. Que las dos ondas B y D sean más lentas que A y C, respectivamente, sí es aceptable.
  • Entre las ondas consecutivas de un triángulo se dan las relaciones habituales de tiempo de la Teoría Moderna de Ondas. De manera que si A y B son muy similares en duración, la C tenderá a durar A+B. Y si B dura mucho respecto a A, C tenderá a durar (A+B)/2. Si no es lo anterior, A, B y C durarán dos de ellas muy similar, y la tercera muy diferente; o bien tendrán relaciones fibo entre todas ellas. Y sobre todo, no puede haber 3 ondas consecutivas del triángulo que duren lo mismo: por ejemplo, C, D y E no pueden durar las tres similar.
  • También tenemos unas duraciones máximas que se deben cumplir. La onda D no puede durar más que las tres primeras juntas (A+B+C). La onda E no puede durar más que B+C+D, y además, no debería ser la onda más longeva del triángulo (siempre puede haber excepciones).

 

Ejemplo de seguimiento y control de un triángulo contractivo

Para poder pautar y seguirle la pista a un triángulo, como a cualquier onda correctiva, es especialmente necesario averiguar dónde empieza y termina cada subonda realmente, lo que conecta con los conceptos de momentum y comportamiento de cada onda según su función. En otros artículos veremos ideas sobre esto, pero para este ejemplo, baste decir que la onda inicial de este triángulo comienza en precio en el círculo azul, pero comienza en tiempo y de manera real en el círculo verde. La diferencia en precio entre ambos círculos es un suplemento de precio que la primera onda del triángulo “toma prestado” de la onda anterior, que no acabó realmente en ese mínimo de precio (azul) sino en un punto más alto y posterior (verde).

Triángulo contractivo no restrictivo

Ejemplo de triángulo contractivo horizontal no restrictivo.

Desde el círculo verde tenemos una primera onda que retrocede a la bajada anterior de manera rápida y violenta, con un momentum muy diferente de bastantes minutos atrás. Puede ser perfectamente una onda A de cualquier cosa, como en cualquier onda correctiva. Siempre debemos tener presente la opción triángulo además de zig-zags, planas o complejas, salvo que sepamos con seguridad que la onda completa va a ser una de las posiciones en las que un triángulo está prohibido. Por ejemplo, una onda 2. En este caso, además, la estructura interna de la A no parece un impulso, así que, a priori descartamos la opción zig-zag y nos centramos en una plana o un triángulo, con opción a una compleja si apareciera alguna X corta en tiempo.

Una vez termina la A, vemos otra onda que retrocede a esa A y dura más (midiendo la A desde el círculo verde), llegando a un poco más del 61,8% de retroceso en precio de la A (medido desde el círculo azul). Podría ser una plana con B débil, claro; pero este tipo de ondas no son tan frecuentes realmente. Cuando tenemos una A correctiva y una B que retrocede entre el 61,8% y el 81%, mi primera opción siempre es el triángulo contractivo. Cuanto más se acerque al 81%, más opciones tiene de ser una plana. Por el contrario, si clavase un retroceso del 62%, pensaría en la plana, o incluso que es un zig-zag y no he evaluado bien la onda A. Pero el hueco entre “un poco más del 61,8%” y las cercanías del 81% es para los triángulos con mayor probabilidad (aun así, no se debe descartar la opción plana con B débil).

En este caso, es incluso posible que la onda A no haya acabado realmente en su máximo, sino en el máximo decreciente posterior, dándole a la B una estructura de plana (¿la ves?). Pero ocurriría lo mismo que con la onda A: la onda B coge un suplemento de precio de la onda A para dar su rango completo en precio, a pesar de que en tiempo empiece más tarde que el máximo absoluto de la A.

Entonces luego viene la C, y aquí es la clave siempre del asunto. La diferencia entre una plana con B débil y un triángulo la obtendremos determinando si la onda C es un impulso o es una onda correctiva. ¿Por qué? Pues porque si es impulso, todo será un ABC en onda plana. Pero si es correctiva, tenemos A correctiva, B correctiva y C correctiva, y eso solo es posible en un triángulo. En este caso, según vamos observando la estructura, se ve claramente una onda correctiva. Vemos que dura lo mismo que la A (midiendo hasta el punto en que C “descarga”, no justo en el máximo, sino 2 ó 3 velas después). Como B ha durado bastante más que A, se cumplen las reglas de tiempos entre 3 ondas consecutivas. Además, “sospechosamente”, esta onda mide exactamente un 61,8% de A (medida A entre máximos y mínimos, en el círculo azul). En general, ondas C que midan un 61,8% de A son muy buen síntoma, y si no, mejor que midan más de ese 61,8% a que midan menos; aunque a partir de un 81% empiezan a ser muy sospechosas.

Posteriormente tenemos una caída con mayor momentum que la subida de la C, y se queda en el 61,8% aproximadamente, en precio, de la B, más corta en tiempo. Es necesario que D alterne muy bien con B. Aquí tienen distinta estructura, rango de precio y duración. Además, B ha durado más que A (bastante más), luego ello posibilita que D dure menos que C. En estos momentos, somos capaces de trazar una B-D limpia. Además, por ahora, también podemos trazar una A-C (hay casos en que luego hay que retrazar la directriz de las ondas impares dependiendo de cómo quede la E).

Por tanto, ya solo nos queda esperar a que se haga la E, verificando que en ningún caso sea mayor que la C, y que luego se produzca el escape, rompiendo la directriz B-D en menos tiempo que duró la E. En condiciones normales, la E estará entre un 38,2% y un 99% de la C. Rota la B-D podemos abrir posición a favor del escape, con stop muy ajustado tras la B-D con un pequeño filtro, o con stop más conservador en el extremo de la onda E.

Una vez rota la B-D, solo nos queda verificar que el escape hace un nuevo mínimo inferior al extremo más alejado del triángulo. En este caso, el círculo azul que es el origen de la A, por ser un triángulo horizontal. Mientras tanto, podemos ir comprobando qué pasa con el vértice y si eso nos da geometría de restrictivo o de no restrictivo. En nuestro ejemplo, la longitud del triángulo son 172 minutos, mientras que la distancia al vértice son 122 minutos. Claramente el vértice está a más del 40% de la longitud del triángulo; por tanto debería ser un no restrictivo.

Muy a menudo se realiza por parte del escape un “pullback” o “throwback” a la directriz B-D tras haberla roto. Mientras no vuelva a penetrar claramente dentro del triángulo, es perfectamente normal, e incluso puede ser una buena oportunidad de entrada con stop muy ajustado.

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Escrito por Doctor Triángulo